Hace unos días Rosa Díez comparó la actitud del presidente J. L. Rodríguez Zapatero a la de ese estéreotipo gallego que nos describe a personas de las que uno no se sabe bien si vienen o van y crean incertidumbre. (Estéreotipo otrora comunmente conocido y empleado por el común de los ciudadanos de este país al igual que muchos otros que pintan a catalanes tacaños, castellanos resignados, vascos exagerados, andaluces vagos o madrileños chulos)
Seguramente apelar al sentido "peyorativo" de la expresión no fue acertado por parte de Rosa Díez pero personalmente no encuentro un insulto hacia lo/s gallego/s en sus palabras.
Después de esto, muchos medios de comunicación se han echado encima de Rosa Díez por estas palabras.
Esta actitud de la prensa, los medios y algunos opinadores solo se entiende en un contexto de "Dictadura de lo Políticamente Correcto". Esto viene generando de uno tiempo para acá un constante despliegue de hipocresía, demagogia y crispación que no nos conduce a ningún sitio.
Arcadi Espada intentó justificar las palabras de Rosa Díez pero la intolerancia, intransigencia y malos modos de Julia Otero en su programa de radio, sumados al también espeso verbo de Espada, convirtieron la conversación radiofónica en una agria discusión en la que Julia Otero se desacreditó y Arcadi Espada puso en bandeja a los medios de comunicación mediocres una nueva diana hacia donde dirigir sus dardos envenenados en pos de la defensa de los orgullos hipersensibilizados que operan en la actualidad.
Es muy triste pero nada de esto nos ayuda a avanzar en este país.
ACCIÓN. Bruce Willis vuelve a dar vida al detective McClane.
Mucho ha llovido desde que en 1988 se inició esta saga con el absoluto protagonismo de Bruce Willis. Aquel joven policía ansioso por pasar las navidades con su esposa se ha ido endureciendo a la misma velocidad que su protagonista se va quedando sin pelo. Estamos en plena era digital y el dinosaurio -así lo denomina el villano de turno- McClane sigue dando juego, manteniendo una envidiable fuerza y aspecto físico a prueba de un sinfín de calamidades capaces de destruir, en el minuto quince, al más fornido de los hombres de este planeta.
Estamos, una vez más, ante una exageración absoluta, un disparate argumental lleno de destrucción y disparos, con esos momentos de extrema complicación creados por laboratorio a los que se ven obligados los guionistas para intentar superar al héroe de acción anterior. Véase el derribo del helicóptero en el túnel o la intervención del avión de combate contra el camión. Pero ello forma parte de una historia que plantea el caos total, derivado de un masivo ataque informático tan incomprensible como imposible, es decir, la ficción como instrumento evasivo sin intención de convicción: ciencia ficción policial contemporánea.
A Leo Wiseman hay que agradecerle que su planteamiento de la acción sea comprensible e identificable en imágenes, algo que últimamente se hecha de menos. El ritmo y continua complicación de la misión garantizan un entretenimiento sin pausa de la mano de un tipo duro capaz de decir: «Dime lo que quiero saber o te inflo a hostias en tu propia casa». ¿A quién no le gustaría soltar algo así? Y con éxito.

Estamos, una vez más, ante una exageración absoluta, un disparate argumental lleno de destrucción y disparos, con esos momentos de extrema complicación creados por laboratorio a los que se ven obligados los guionistas para intentar superar al héroe de acción anterior. Véase el derribo del helicóptero en el túnel o la intervención del avión de combate contra el camión. Pero ello forma parte de una historia que plantea el caos total, derivado de un masivo ataque informático tan incomprensible como imposible, es decir, la ficción como instrumento evasivo sin intención de convicción: ciencia ficción policial contemporánea.
A Leo Wiseman hay que agradecerle que su planteamiento de la acción sea comprensible e identificable en imágenes, algo que últimamente se hecha de menos. El ritmo y continua complicación de la misión garantizan un entretenimiento sin pausa de la mano de un tipo duro capaz de decir: «Dime lo que quiero saber o te inflo a hostias en tu propia casa». ¿A quién no le gustaría soltar algo así? Y con éxito.

Pues eso...











